Aquí un enlace para ver cortos sobre problemas acuciantes de la sociedad espanola
http://www.elpais.com/comunes/2004/haymotivo/director_11.html
Están realizados por directores de cine y artistas comprometidos con la realidad social espanola.
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http://www.elpais.com/comunes/2004/haymotivo/director_11.html
Están realizados por directores de cine y artistas comprometidos con la realidad social espanola.
Amadeo Peralta pertenecía a una familia de ladrones que eran liderados por su propio padre. Sin embargo, con los cambios en el sistema político el patriarca pensó que había que adecuarse a los nuevos tiempos por lo que instó a sus hijos a contraer nupcias con doncellas de probada reputación para limpiar el maltrecho nombre de la familia. Amadeo era un mujeriego empedernido al que no le agradó mucho la idea. Cortejo a una dama quien temiendo quedarse soltera lo aceptó.
Semanas antes de la boda, Amadeo se encontró a una niña tocando el salterio. Fue fácil para él seducirla y abandonarla sin embargo, la niña apareció tiempo después encendida con la fiebre del amor. Amadeo no tuvo escrúpulos y decidió encerrarla mientras pensaba que hacer con ella. Al principio se encontraba en el sótano con ella y luego de satisfacer sus instintos la dejaba de nuevo sola en medio de la oscuridad. Y así pasaron los años. Durante un olvido prolongado cierto día la encontró moribunda por lo que contrató a una india para que limpiara su estancia y esté al pendiente de ella. Amadeo duplicó la herencia de su padre y en poco tiempo fue el cacique más poderoso de la zona. Y así pasó el tiempo.
Las leyendas se multiplicaron, unos niños aseguraron haber encontrado un lugar –propiedad de Amadeo- que sin duda era la puerta del infierno por los extraños ruidos que ahí se oían. La policía llegó al lugar y fue cuando los rumores y leyendas cobraron verosimilitud. Un despojo humano que recordaba a una mujer había vivido encerrada toda su vida por culpa de Amadeo Peralta. La indiferencia se tornó en indignación por lo que todos quisieron ayudar a Hortensia y hundir al déspota cacique. Amadeo terminó en la cárcel. Hortensia fue atendida por una monjas y –luego de acostumbrarse a la luz y a los demás seres humanos- se encaminaba a la cárcel a tocar el salterio a quien rara vez la dejaba sin comer. Pronto Amadeo, ante aquel reclamo persistente, se abandonó en la oscuridad y la desdicha.
Tomás Vargas fue un hombre mezquino, avaro, parrandero y mujeriego a más no poder. Su mujer, Antonia Sierra, era de menor edad pero su cuerpo había sido malgastado por numerosos partos y abortos. Todo el pueblo de Agua Santa le temía por violento salvo el dueño del almacén, un árabe de nombre Riad Halabí y la maestra Inés. Antonia Sierra había soportado todas las humillaciones que su marido era capaz de proporcionarle, incluso el tener que recibir a una concubina de nombre Concha Díaz quien llegó al pueblo con la barriga llena de un ser y el corazón destrozado por el seductor. Al principio Antonia se negó a tal descrédito pero con el paso del tiempo llegó a tener compasión por la asustada Concha. Conforme avanzaba el embarazo y el esqueleto de la madre se hacía más evidente, Antonia procuró ayudarla –apoyada en el turco Riad y la maestra Inés- a llevar a buen termino su embarazo. Llegado el día del parto, Tomás se fingió más borracho que de costumbre y así evitar desenterrar el tesoro del que tanto alardeaba. El turco ayudó a Antonia y a Concha por lo que el bebé fue bautizado con su nombre. Pasados unos días, Tomás se dispuso a exigirle a Concha compañía cuando fue interceptado por Antonia quien por primera vez en su vida se opuso a que su marido haga su capricho. Concha secundó la indignación de su protectora por lo que Tomás sintió desventaja y se fue lanzando blasfemias en contra de las mujeres.
Entonces, ante la inminente alianza de su esposa y concubina, Tomás busco un nuevo entretenimiento que encontró en las apuestas.
La miseria en su casa aumentaba conforme Tomás se sentía más osado y con el deseo de ganar fortuna de golpe.
Tomás se enfrentó con un teniente y ganó. Éste le exigió la revancha sólo que la apuesta había aumentado considerablemente. Tomás perdió esta vez. Pálido y sin fuerzas guió a todo el pueblo al lugar donde guardaba su tesoro. No lo encontró. El teniente comenzó a golpear a Tomás pero este fue protegido por el turco alegando que nada se resolvía a golpes. Ni Antonia ni Concha sintieron pena por aquel hombre que regresaba derrotado y miserable. Al poco tiempo se atrevió a salir de casa para no volver jamás puesto que fue muerto a machetazos en el lugar donde debiera de haber encontrado el tesoro. Las mujeres iniciaron un negocio de comida y pronto desaparecieron los sufrimientos.